El reconocimiento facial puede facilitar controles de acceso y tareas de seguridad, pero su utilización sin leyes claras ni supervisión representa una amenaza para la privacidad, la libertad de expresión y el derecho a no ser discriminado.
Un informe del relator especial de la ONU, Ben Saul, advierte que esta tecnología ya se emplea en espacios públicos, manifestaciones y grabaciones de vigilancia sin que las personas sean informadas o hayan dado su consentimiento.
Uno de los mayores peligros son los falsos positivos. Los sistemas pueden identificar erróneamente a una persona y provocar detenciones injustas, investigaciones infundadas o su inclusión en listas de vigilancia. Además, algunos algoritmos presentan mayores tasas de error con mujeres, jóvenes y personas de piel oscura.
El documento recomienda prohibir la vigilancia facial masiva y la identificación de participantes en protestas pacíficas, exigir autorización judicial para su uso en tiempo real y garantizar transparencia, auditorías y mecanismos para reclamar ante una identificación equivocada.
Nuestro rostro forma parte de nuestra identidad. La tecnología debe servir a las personas, no convertir los espacios públicos en zonas de vigilancia permanente.
Fuente: ONU

