Agentes y robots: cómo la IA transforma el trabajo y las habilidades en América Latina

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La inteligencia artificial (IA) ha ampliado radicalmente lo que las máquinas son capaces de hacer, transformando la manera en que se realiza el trabajo en todo el mundo. En América Latina, se estima que el 57% de las horas laborales actuales podrían automatizarse (en teoría) utilizando tecnologías existentes.

Sin embargo, este potencial técnico suele malinterpretarse: no se trata de un pronóstico de pérdida de empleos, sino de una señal de qué tan profundamente podría reorganizarse el trabajo. El reciente estudio del McKinsey Global Institute (MGI) da continuidad a investigaciones previas sobre Estados Unidos y Europa, examinando ahora cómo la automatización podría transformar el trabajo y las habilidades en América Latina, con lecciones aplicables a otras economías en desarrollo y de ingresos medios.

Automatización y trabajo: el panorama en América Latina

Actualmente, la mayoría de los empleos combinan tareas que las máquinas pueden realizar con otras que aún dependen del criterio humano. Incluso a medida que los agentes de IA y los robots asuman más funciones, las personas seguirán ejerciendo juicio, interpretando contexto, construyendo relaciones y respondiendo por los resultados. Aun cuando la adopción sea más lenta en algunos mercados, ya hay organizaciones en la región que encuentran formas creativas de combinar personas, agentes y robots, y la manera en que estos enfoques se expandan será determinante para saber cuánto del potencial de automatización de América Latina llegará a materializarse.

El análisis de MGI arroja algunas perspectivas clave sobre el alcance y las implicaciones de esta transformación:

•Más de la mitad de las horas de trabajo actuales en América Latina podrían automatizarse utilizando IA y otras tecnologías existentes, una proporción similar a la observada en economías avanzadas. Los agentes impulsados por IA representan la mayor parte de este potencial de automatización, tal como ocurre en otras regiones, aunque el mayor peso del trabajo físico en la región implica que los robots cumplen un papel más relevante.

•Se estima que la automatización podría desbloquear alrededor de 450 mil millones de dólares en valor económico anual en América Latina para 2030, aunque concretar esa cifra dependerá del ritmo de adopción, que probablemente será más lento que en economías avanzadas debido a salarios más bajos, al costo relativamente mayor de la robótica y a diferencias en la preparación organizacional.

•La mayoría de las habilidades humanas seguirán vigentes, aunque se apliquen de forma distinta: cerca del 66% de las habilidades que buscan hoy los empleadores en la región se utilizan tanto en trabajos automatizables como en los que no lo son. Esto sugiere que capacidades como la resolución de problemas, el trabajo en equipo y la comunicación efectiva tenderán a combinarse con la IA, en lugar de ser reemplazadas por ella, al menos en el corto plazo.

•La demanda de fluidez en IA (la capacidad de usar, gestionar y crear con herramientas de inteligencia artificial) ha crecido 11 veces en los últimos dos años, un ritmo aproximadamente el doble que en Estados Unidos y Europa, consolidándose como la categoría de habilidades de mayor crecimiento en el mercado laboral latinoamericano.

•Los casos analizados muestran que el valor de la IA proviene de rediseñar los flujos de trabajo, y no únicamente de la tecnología en sí. En distintos sectores, las empresas de la región ya combinan personas, agentes y robots para ganar velocidad, ampliar cobertura, mejorar decisiones y hacer posible trabajo que antes resultaba poco práctico.

La adopción de IA podría avanzar con mayor lentitud en América Latina que en Estados Unidos y Europa, en parte porque los salarios más bajos reducen el incentivo económico para sustituir mano de obra, y porque buena parte de las oportunidades depende de la automatización física, que suele ser costosa. Aun así, esta menor velocidad de adopción no debería confundirse con falta de innovación: la demanda de fluidez en IA crece a un ritmo cercano al doble que en economías avanzadas, lo que indica que las empresas ya están incorporando la IA a su operación diaria, incluso cuando no siempre despliegan sistemas completamente nuevos.

Particularmente, MGI resalta un hallazgo que se repite tanto en América Latina como en Estados Unidos y Europa: las personas siguen siendo esenciales para la mayoría del trabajo. La IA y la automatización transformarán muchos empleos, y algunos trabajadores enfrentarán una disrupción significativa, pero el reto central consiste en redefinir cómo colaboran personas y máquinas para generar valor.

Para los líderes empresariales, el mensaje es claro: la oportunidad no está solo en adoptar tecnología, sino en rediseñar los flujos de trabajo, invertir en el desarrollo de fluidez en IA entre los colaboradores y construir modelos donde personas, agentes y robots trabajen de forma complementaria. El camino y el ritmo variarán según el país y la industria, pero una gestión adecuada de esta transición podrían elevar la productividad en toda la región y abrir nuevas oportunidades para que las personas sigan aportando valor junto a la tecnología.

Fuente. McKinsey & Company

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