InicioSalud¿ESTAMOS PERDIENDO A NUESTRA JUVENTUD? DROGAS, FALTA DE OPORTUNIDADES Y UNA SOCIEDAD...

¿ESTAMOS PERDIENDO A NUESTRA JUVENTUD? DROGAS, FALTA DE OPORTUNIDADES Y UNA SOCIEDAD EN ALERTA

Fecha:

Últimas Noticias

spot_imgspot_img

Marihuana, sustancias comercializadas como “zaza” y “molly”, vapeadores y otras drogas forman parte de un escenario que preocupa en sectores del país. El problema abre una pregunta que República Dominicana debe enfrentar: ¿están fallando la familia, la educación, las oportunidades o las políticas públicas de prevención?

Santo Domingo.– La exposición de adolescentes y jóvenes al consumo de drogas constituye un problema que no debería analizarse únicamente cuando termina en una emergencia médica, una adicción, violencia, abandono escolar o conflicto con la ley.

En barrios y comunidades dominicanas existe preocupación por jóvenes que entran en contacto con la marihuana y otras sustancias conocidas popularmente como “zaza” y “molly”, además de vapeadores y diferentes productos o mezclas cuya composición y potencia pueden variar.

La situación adquiere mayor gravedad cuando el consumidor desconoce qué contiene realmente aquello que está utilizando. Una sustancia vendida bajo determinado nombre en la calle no necesariamente tiene una composición uniforme, lo que puede incrementar los riesgos.

Pero reducir esta realidad únicamente a las drogas sería quedarse en la superficie.

La verdadera discusión es qué está llevando a determinados jóvenes hacia su consumo y qué estamos haciendo para evitarlo.

¿QUIÉN ESTÁ FALLANDO?

¿La familia?

¿El sistema educativo?

¿Las políticas del Estado?

¿La falta de oportunidades?

¿Los barrios?

¿La sociedad?

Probablemente no exista una única respuesta.

La familia representa uno de los primeros espacios de protección. Comunicación, supervisión, afecto, orientación y límites pueden ser determinantes durante la adolescencia.

Pero tampoco sería justo responsabilizar exclusivamente a los padres.

Existen hogares atravesados por pobreza, ausencia parental, violencia, precariedad laboral y otras circunstancias que dificultan el acompañamiento de niños y adolescentes.

Ahí comienza también la responsabilidad de la escuela, la comunidad y las instituciones públicas.

CUANDO LAS DROGAS SE NORMALIZAN

Uno de los grandes desafíos aparece cuando determinadas sustancias dejan de percibirse como un riesgo y comienzan a formar parte de la cotidianidad de algunos grupos.

Las redes sociales y ciertos contenidos culturales también pueden contribuir a presentar determinados consumos como símbolos de diversión, éxito, rebeldía o pertenencia.

Eso merece una discusión seria.

No se trata de culpar automáticamente a la música, las redes sociales o una generación completa, sino de comprender qué mensajes están recibiendo nuestros jóvenes y quién está ofreciendo una alternativa suficientemente poderosa para competir con ellos.

Cuando consumir se convierte en una forma de pertenecer al grupo, escapar de los problemas o buscar aceptación, la prevención debe ir mucho más allá de simplemente decir: “No uses drogas”.

MARIHUANA, “ZAZA”, “MOLLY” Y NUEVAS SUSTANCIAS

También debemos hablar utilizando el lenguaje que muchos jóvenes escuchan actualmente.

La marihuana continúa siendo una de las sustancias conocidas entre la población joven, mientras términos como “zaza” y “molly” circulan en conversaciones, canciones y redes.

Sin embargo, los nombres callejeros pueden ser imprecisos. Particularmente en sustancias vendidas ilícitamente, el consumidor puede desconocer su verdadera composición, concentración o posibles adulterantes.

Por eso resulta peligroso asumir que un nombre utilizado popularmente garantiza exactamente qué sustancia se está consumiendo.

A esto se suman otros productos y drogas que pueden aparecer en distintos ambientes juveniles.

La respuesta responsable no es crear pánico. Es proporcionar información, prevención y atención profesional antes de que aparezca una crisis.

¿DÓNDE ESTÁ LA EDUCACIÓN PREVENTIVA?

La prevención no puede comenzar cuando un joven ya desarrolla un problema grave de consumo.

Debe comenzar mucho antes.

Las escuelas necesitan educación preventiva adaptada al lenguaje y realidad de las nuevas generaciones, acompañamiento psicológico y mecanismos que permitan identificar situaciones de vulnerabilidad.

Pero educación tampoco significa únicamente impartir una charla una vez al año.

La prevención necesita continuidad.

Los jóvenes necesitan comprender las consecuencias de sus decisiones, pero también necesitan descubrir que existen alternativas reales para construir un futuro.

DEPORTES, CULTURA, FORMACIÓN Y EMPLEO

Un adolescente necesita espacios donde pertenecer.

Si la sociedad no se los proporciona, otros ambientes pueden hacerlo.

Por eso una cancha deportiva, una escuela de música, un centro tecnológico, un programa cultural o una capacitación técnica pueden representar mucho más que entretenimiento.

Pueden convertirse en puertas hacia otro proyecto de vida.

República Dominicana necesita preguntarse si estamos invirtiendo suficientemente en prevención y oportunidades en aquellos sectores donde los jóvenes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.

No basta con perseguir las consecuencias.

Hay que intervenir sobre las causas.

LA RESPONSABILIDAD DEL ESTADO

El Estado tiene una responsabilidad que no puede delegar completamente en las familias.

Educación, prevención, salud mental, tratamiento de adicciones, seguridad, deportes, cultura, capacitación y empleo juvenil necesitan funcionar como partes de una misma estrategia.

Instituciones como el Ministerio de Educación, Ministerio de Salud Pública, Consejo Nacional de Drogas, Ministerio de la Juventud, CONANI, Servicio Nacional de Salud e INEFI, entre otras, tienen áreas que pueden contribuir desde diferentes perspectivas.

Pero el verdadero desafío es que las políticas lleguen hasta donde está el problema y tengan continuidad.

NO CRIMINALICEMOS A TODA UNA GENERACIÓN

También debemos evitar un error peligroso: presentar a todos los jóvenes dominicanos como consumidores de drogas o como una generación perdida.

No lo son.

Miles estudian, trabajan, practican deportes, desarrollan emprendimientos, producen música, crean tecnología y luchan diariamente por construir un futuro mejor.

Precisamente por ellos —y por aquellos que están atravesando situaciones difíciles— este debate merece atención.

Un joven con un problema de consumo no debe convertirse automáticamente en un joven descartado por la sociedad.

Necesita responsabilidad por sus decisiones, pero también orientación, tratamiento cuando corresponda y oportunidades para reconstruir su vida.

UNA PREGUNTA PARA TODA LA SOCIEDAD

Quizás el debate no debería limitarse a determinar quién tiene la culpa.

La pregunta más importante podría ser otra:

¿Qué estamos haciendo para que nuestros adolescentes encuentren primero una familia presente, una buena escuela, una cancha, un instrumento musical, capacitación, empleo y oportunidades antes de encontrar las drogas?

Familia, escuela, comunidad, sector privado y Estado tienen responsabilidades diferentes, pero comparten un mismo desafío.

Porque cuando una sociedad solamente aparece para castigar al joven después de que cayó, probablemente llegó demasiado tarde.

La República Dominicana todavía tiene tiempo para fortalecer la prevención.

Pero hacerlo exige reconocer el problema sin exagerarlo, escuchar a los propios jóvenes y convertir las oportunidades en algo que realmente llegue a los barrios.

No se trata de criminalizar a nuestra juventud. Se trata de evitar perderla.

Fuente: Ministerio de Salud Pública, Ministerio de Educación, Consejo Nacional de Drogas y organismos públicos vinculados a juventud y prevención.

Redacción: www.ClaveDigitalRD.com

spot_img

Politica

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí