Las consecuencias no recaen únicamente sobre quien enfrenta el trastorno: también pueden transformar la economía, las relaciones y la rutina de toda la familia.
SANTO DOMINGO. — Cuando una enfermedad mental afecta a un integrante de una familia, sus consecuencias pueden extenderse mucho más allá de la salud de la persona. El hogar puede enfrentar una combinación de gastos médicos, pérdida de productividad, reducción de ingresos y mayores responsabilidades de cuidado.
A esto se suma una carga menos visible: familiares que modifican sus horarios laborales, abandonan actividades personales o asumen permanentemente tareas de acompañamiento y supervisión.
El impacto también puede alcanzar la convivencia. El estrés prolongado, la incertidumbre y las dificultades para acceder oportunamente a servicios especializados pueden afectar las relaciones familiares y aumentar el desgaste emocional de quienes participan en el cuidado.
Por eso, especialistas y organismos de salud consideran importante abordar la salud mental desde una perspectiva integral, en la que la atención de la persona esté acompañada de orientación y apoyo para su entorno familiar.
Hablar del costo de la enfermedad mental no significa reducirla a una cuestión económica. Significa reconocer que detrás de cada caso puede existir una familia reorganizando su tiempo, sus recursos y su vida cotidiana.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS) / Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Redacción: www.ClaveDigitalRD.com



