Los incendios forestales no solo representan una amenaza por el fuego. El humo libera partículas finas, monóxido de carbono y otros contaminantes capaces de penetrar profundamente en los pulmones y desplazarse cientos de kilómetros.
La exposición puede provocar irritación respiratoria, dificultad para respirar y agravar enfermedades como el asma. También puede afectar el sistema cardiovascular y aumentar el riesgo de infartos o accidentes cerebrovasculares.
Los adultos mayores, niños, mujeres embarazadas y personas con enfermedades respiratorias o cardíacas son los grupos más vulnerables. Los bomberos también enfrentan una exposición prolongada, incluso después de extinguido el incendio.
Las autoridades recomiendan permanecer en espacios cerrados, mantener puertas y ventanas cerradas, evitar actividades físicas al aire libre y utilizar mascarillas FFP2 cuando sea necesario salir. Ante síntomas graves o dificultad respiratoria, se debe acudir de inmediato a un centro médico.

